Archivo de Enero, 2009

Como ser un buen comunicador: comunica efectivamente (I)

Silencio!!! by Loud Villa
En nuestro trabajo, como en nuestra vida personal todos decimos muchas cosas, durante todo el día intentamos comunicar ideas, pensamientos, hechos,… Pero cuando realizamos este acto ¿estamos seguros que el mensaje que llega es el que hemos querido trasmitir?, o lo que es lo mismo: somos buenos comunicadores!

Muchas personas que actualmente son grandes comunicadores en entornos personales y sociales, no tienen tanto éxito en un entorno laboral. Esta habilidad puede mejorarse de manera notoria. Para ello existen unos cuantos trucos que nos permitirán mejorar nuestras dotes comunicativas.

1. Se conciso y exprésate con claridad. En una presentación es imprescindible ser claro y conciso. Hagas el trabajo que hagas siempre tienes que asegurarte que lo que dices es lo imprescindible y que no malgastas tiempo en decir cosas sin ninguna importancia. Nunca hay que quitar más tiempo a las personas que el imprescindible.

2. Intenta entender a tu audiencia. Conocer a tu/s interlocutor/es es fundamental para establecer un vinculo de unión con ellos. Por ejemplo si haces una presentación de un nuevo proyecto, investiga o entérate bien de que es lo que la organización está buscando o lo que necesita. El mejor recurso: preguntar y escuchar.

3. El mensaje se debe ajustar a las necesidades de tu audiencia. Si ya sabes lo que tus interlocutores necesitan tu mensaje debe satisfacer sus necesidades. Tienes que obviar mensajes, que por muy apasionantes que te parezcan, no cumplen con las necesidades de tu audiencia. Céntrate en los beneficios de tu producto, en lugar de las características del mismo, y relaciona estos beneficios con las necesidades del receptor del mensaje.

4. Céntrate en tu audiencia. Además de centrarte en las necesidades de tu audiencia tienes que centrarte en ellos como parte del mensaje, ellos tienen que ser los protagonistas. Nunca hable de ti como protagonista, no utilices el “yo”, habla siempre de “vosotros” o “nosotros”. La única excepción es hablar de manera negativa, entonces tendrás que evitar el “vosotros” en la medida que sea posible.

5.Lo positivo es importante. Siempre que sea posible céntrate en lo positivo. Y en lo posible hay que repetir frases negativas. Un buen ejemplo seria evitar decir que 2 de los cinco objetivos no se han conseguido, lo correcto seria afirmar que 3 de los 5 objetivos se han cumplido. Es más efectivo centrarse en lo positivo.

Continuará…y II

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Discurso de Obama en castellano: el proceso del cambio

Take a Deep Breath
El discurso
que pronunció Barack Obama en la toma de posesión de su cargo planteo de forma erudita lo que tiene que ser un buen proceso del cambio. De la mano de Digizen nos llega todo el discurso traduccido als castellano para disfrute de todos. Realmente vale la pena leerlo de manera detallada:

 

 

 

 

Me presento aquí hoy humildemente consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza que habéis depositado en mí, conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados. Doy gracias al presidente Bush por su servicio a nuestra nación y por la generosidad y la cooperación que ha demostrado en esta transición.

Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas. Sin embargo, en ocasiones, este juramento se ha prestado en medio de nubes y tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha seguido adelante, no sólo gracias a la pericia o la visión de quienes ocupaban el cargo, sino porque Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de estadounidenses.

Es bien sabido que estamos en medio de una crisis. Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.

Estos son indicadores de una crisis, sujetos a datos y estadísticas. Menos fácil de medir pero no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero debes tener clara una cosa, América: los resolveremos.

Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.

Seguimos siendo una nación joven, pero, como dicen las Escrituras, ha llegado la hora de dejar a un lado las cosas infantiles. Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia; de escoger lo mejor que tiene nuestra historia; de llevar adelante ese precioso don, esa noble idea, transmitida de generación en generación: la promesa hecha por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres, y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible.

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, sabemos que esa grandeza no es nunca un regalo. Hay que ganársela. Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil. No ha sido nunca un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo, o no buscan más que los placeres de la riqueza y la fama. Han sido siempre los audaces, los más activos, los constructores de cosas -algunos reconocidos, pero, en su mayoría, hombres y mujeres cuyos esfuerzos permanecen en la oscuridad- los que nos han impulsado en el largo y arduo sendero hacia la prosperidad y la libertad.

Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra. Por nosotros combatieron y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn. Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener las manos en carne viva, para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor. Vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales; más grande que todas las diferencias de origen, de riqueza, de partido.

Ése es el viaje que hoy continuamos. Seguimos siendo el país más próspero y poderoso de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado ni el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos.

Porque, miremos donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino para sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos. Volveremos a situar la ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología para elevar la calidad de la atención sanitaria y rebajar sus costes. Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y nuestras universidades para que respondan a las necesidades de una nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo lo vamos a hacer.

Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema no puede soportar demasiados grandes planes. Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país; de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor.

Lo que no entienden los escépticos es que el terreno que pisan ha cambiado, que las manidas discusiones políticas que nos han consumido durante tanto tiempo ya no sirven. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán. Y los que manejemos el dinero público tendremos que responder de ello -gastar con prudencia, cambiar malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día-, porque sólo entonces podremos restablecer la crucial confianza entre el pueblo y su gobierno.

Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos. El éxito de nuestra economía ha dependido siempre, no sólo del tamaño de nuestro producto interior bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común.

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, elaboraron una carta que garantizase el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha perfeccionado con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia. Por eso, a todos los demás pueblos y gobiernos que hoy nos contemplan, desde las mayores capitales hasta la pequeña aldea en la que nació mi padre, os digo: sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo.

Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.

Somos los guardianes de este legado. Guiados otra vez por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen un esfuerzo aún mayor, más cooperación y más comprensión entre naciones. Empezaremos a dejar Irak, de manera responsable, en manos de su pueblo, y a forjar una merecida paz en Afganistán. Trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta. No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos.

Porque sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra; y porque probamos el amargo sabor de la guerra civil y la segregación, y salimos de aquel oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no tenemos más remedio que creer que los viejos odios desaparecerán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.

Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto. A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.

A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.

Mientras reflexionamos sobre el camino que nos espera, recordamos con humilde gratitud a esos valerosos estadounidenses que en este mismo instante patrullan desiertos lejanos y montañas remotas. Tienen cosas que decirnos, del mismo modo que los héroes caídos que yacen en Arlington nos susurran a través del tiempo. Les rendimos homenaje no sólo porque son guardianes de nuestra libertad, sino porque encarnan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Y sin embargo, en este momento -un momento que definirá a una generación-, ese espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos.

Porque, con todo lo que el gobierno puede y debe hacer, a la hora de la verdad, la fe y el empeño del pueblo norteamericano son el fundamento supremo sobre el que se apoya esta nación. La bondad de dar cobijo a un extraño cuando se rompen los diques, la generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus horas antes que ver cómo pierde su empleo un amigo: eso es lo que nos ayuda a sobrellevar los tiempos más difíciles. Es el valor del bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de cuidar de su hijo; eso es lo que, al final, decide nuestro destino.

Nuestros retos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero los valores de los que depende nuestro éxito -el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- son algo viejo. Son cosas reales. Han sido el callado motor de nuestro progreso a lo largo de la historia. Por eso, lo que se necesita es volver a estas verdades. Lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil.

Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía.

Ésta es la fuente de nuestra confianza; la seguridad de que Dios nos pide que dejemos huella en un destino incierto.

Éste es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, por lo que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en celebración en este grandioso Mall y por lo que un hombre a cuyo padre, no hace ni 60 años, quizá no le habrían atendido en un restaurante local, puede estar ahora aquí, ante vosotros, y prestar el juramento más sagrado.

Marquemos, pues, este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto camino hemos recorrido. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en el mes más frío, un pequeño grupo de patriotas se encontraba apiñado en torno a unas cuantas hogueras mortecinas a orillas de un río helado. La capital estaba abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en el que el resultado de nuestra revolución era completamente incierto, el padre de nuestra nación ordenó que leyeran estas palabras:

“Que se cuente al mundo futuro… que en el más profundo invierno, cuando no podía sobrevivir nada más que la esperanza y la virtud… la ciudad y el campo, alarmados ante el peligro común, se apresuraron a hacerle frente”.

América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras dificultades, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez más las corrientes heladas y soportemos las tormentas que puedan venir. Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que se interrumpiera este viaje, no nos dimos la vuelta ni flaqueamos; y que, con la mirada puesta en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras.

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.

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Se creativo…

Todos estaremos de acuerdo que la creatividad es un concepto que muchas veces puede considerarse, en cierta manera muy personal. Pero en el mundo de las organizaciones este concepto adquiere una dimensión realmente muy objetiva. Me explico: Conseguir un objetivo cuando las circunstancias siempre son las mismas, mismas condiciones del mercado, mismos equipos de trabajo, mismos problemas con clientes, es relativamente sencillo. Pero que ocurre cuando estas condiciones son cambiantes, aplicaremos los mismos recursos de la misma manera. Pues bien, la creatividad consiste en esto, en conseguir los mismos objetivos, o diferentes, cuando el escenario ha cambiado, y para ello nos tenemos que adaptar utilizando todo nuestro intelecto y los recursos que tenemos a nuestro alcance.

Os dejo este spot publicitario donde la creatividad de un niño no tiene límite, además de este enlace al Seth Godin’s Blog, donde nos hace un curioso símil de que es la creatividad para él.

 

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Con dos minutos hay suficiente

4 SecondsSi aplicamos esta norma con asiduidad, realmente, nos podemos ahorrar mucho tiempo en nuestra organización del trabajo, ya sea en el trabajo de gestión en una oficina o en una ocupación técnica en cualquier organización.

La norma se basa en la máxima:

Si puedes hacer un trabajo en menos de dos minutos, no lo dejes para después, hazlo ahora mismo.

La lógica de esta ley se encuentra en el tiempo que tenemos que emplear para poner una cierta labor en una lista o el tiempo que necesitamos para organizarlo. Si una acción de trabajo cuesta relativamente poco tiempo, y la puedes hacer en este preciso instante, hazla!!!, te ahorrarás todo el tiempo de administración y preparación.

Por ejemplo si tienes que atender a tu lista de correos electrónicos y los trabajos que te van proponiendo cuesta menos de dos minutos, no pierdas ese valioso tiempo en programarte esa misma tarea, hazla y ahorra tiempo, como es el caso de responder confirmaciones de reuniones, responder a propuestas cortas, etc. Así mismo si tu trabajo es de carácter técnico, puedes organizarte de la misma manera, no planifiques operaciones cortas a largo plazo, hazlas!! y ya está, ahorraras tiempo y esfuerzo.

Muchas veces nos encontramos que no tenemos dos minutos para acabar una acción, en este caso añadimos la acción a nuestra lista organizativa. Pero en cambio otras veces nos encontramos que nos sobra mucho tiempo para hacer diferentes acciones, aunque estas nos lleven más de 5 o 10 minutos. Esto nos lleva a la conclusión en  unidades de tiempo que dos minutos es una buena táctica: Si puedes realizar una tarea en menos de dos minutos hazla directamente y… ¡listo!.

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Cuánto cuesta renunciar a un beneficio: Coste de oportunidad

Homero Aunque nos cueste creerlo, Homer Simpson es uno de los “gurús” des este término tan importante en la toma de decisiones. Hemos visto a nuestro barrigudo amigo en infinidad de capítulos tomar decisiones donde el coste de oportunidad es mucho mayor que el beneficio obtenido delante de una determinada decisión. Así en el capitulo “la Rival de Lisa”, Homer se dedica a recolectar azúcar que se había dispersado en un accidente de tráfico, posteriormente  intentaba vender este producto al detalle, acción que no le reportó ningún beneficio a no ser del dólar que se encuentra en una parada de autobús. Luego cuando llega a casa, este se vanagloriaba de haber obtenido un benefició de un dólar por una acción que a priori no le reportó ningún gasto. Lo que en realidad había pasado es que el personaje había perdido el sueldo de todo un día por un simple dólar de beneficio. Con este ejemplo hemos querido escenificar una situación donde el coste de oportunidad es muy elevado con respecto al beneficio obtenido.

Este término, que por definición es “El coste asumido a la hora de escoger entre dos alternativas mutuamente excluyentes“,  es fundamental en un proceso de toma de decisiones, el coste de oportunidad siempre tendría que ser el menor posible, o lo que es lo mismo los beneficios obtenidos delante de una determinada acción siempre tienen que ser superiores a la perdida de benéfico de la otra alternativa.

Esto parece muy evidente, pero no siempre es así, cuantas veces tomamos decisiones, empresarial, de marketing, técnicas…o de cualquier otro tipo, y no tenemos en cuenta lo que dejaremos de percibir o los efectos negativos que obtendremos ante este cambio. Con ello no quiero decir que nos olvidemos de cambiar, es más, creo que el cambio es positivo y tendríamos que aficionarnos más a él. Pero sí que lo tenemos que realizar teniendo en cuenta el sentido común y el mayor número de variables posibles, y el coste de oportunidad es una de ellas.

 

 

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